La ansiedad y la alimentación

Ansiedad

Todo lo que comemos tiene efectos directos sobre cómo nos sentimos física y emocionalmente. ¿Cómo te sientes después de comer un gran helado de chocolate? ¿Y después de tomar dos cafés? ¿Tienes esa misma sensación después de comer una buena ensalada?

La sensación de ansiedad que podemos sentir, además de a diversos factores emocionales (que podemos controlar), puede ser debida al excesivo consumo de sustancias estimulantes y/o a deficiencias en vitaminas o minerales concretos.

La carencia de algunos de los siguientes nutrientes puede favorecer la aparición de síntomas de ansiedad:

Calcio: Es necesario para la contracción muscular, transmisión nerviosa, regulación de la división celular, secreción hormonal y formación de hueso y dientes. Un déficit puede provocar: agitación, depresión, palpitaciones, insomnio, irritabilidad.

Alimentos ricos en calcio: Algas, semillas de sésamo, alfalfa, polen, almendras, melaza negra, perejil, avellanas, levadura de cerveza fresca, judía blanca, higos secos, acelga, maíz, hinojo, avena en grano, garbanzos, puerro, col, chucrut, brécol, naranja.

Ácido alfa-linoléico (familia Omega 3): Un desequilibrio entre la ingesta de Omega 6 y Omega 3 Aumenta el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares y alteraciones de la salud cómo depresión, hiperactividad, falta de concentración, ansiedad, insomnio.
Alimentos ricos en Omega 3:

– Vegetales: Semillas de lino, aceite de lino, nueces, aceite de oliva, almendras, col rizada brócoli.

– Animales: Salmón, caballa, sardinas, boquerones.

Magnesio: Favorece la relajación muscular, el mantenimiento del músculo cardíaco, la transmisión neuromuscular y el ensanchamiento de los vasos sanguíneos. Un déficit de magnesio puede provocar: agitación, ansiedad, confusión, manos y pies fríos, depresión, insomnio, inquietud.

Alimentos ricos en magnesio: Germen de trigo, almendras, levadura de cerveza, pipas de girasol, nueces, judías secas, perejil.

Vitaminas del grupo B: Son importantes para el funcionamiento normal del sistema nervioso y son de ayuda tanto para poder relajarse como para conseguir la energía necesaria diariamente. Un déficit de vitamina B puede provocar: fatiga, irritabilidad, nerviosismo, depresión, insomnio, pérdida de apetito…

Alimentos ricos en vitamina B1: Semillas de sésamo y girasol, frutos secos como los piñones o pistachos, judías blancas, espárragos, coliflor, champiñones, naranjas, ajo, patatas.

Alimentos ricos en vitamina B2: Espinacas, espárragos, el germen de trigo y cereales integrales, y frutas como el aguacate.

Alimentos ricos en vitamina B3: Brócoli, tomates, espárragos, frutas como el plátano, legumbres, cereales integrales y nueces.

Alimentos ricos en vitamina B5: Semillas de girasol, frutas como el aguacate o las fresas, frutos secos, brócoli, coliflor, jalea real, trigo integral, maíz y legumbres.

Alimentos ricos en vitamina B6: Especias y hierbas como el pimentón, salvia, albahaca, orégano, frutos secos como los pistachos o las avellanas, ajo, garbanzos, patatas, espinacas, la soja y frutas como el plátano o el aguacate, arroz y trigo integrales.

Alimentos ricos en vitamina B8: La levadura de cerveza, germen de trigo, la coliflor, legumbres, zanahorias, leche entera, frutas como las fresas, avellanas.

Alimentos ricos en vitamina B9: Los alimentos con más cantidad de vitamina B9 son las verduras, sobre todo las espinacas, las legumbres, el zumo de naranja, los espárragos, frutas como el plátano, el melón o las fresas, el limón y las levaduras.

Alimentos ricos en vitamina B12: En los vegetales, especialmente en las semillas oleaginosas, linaza, almendras y/o nueces, ajonjolí (sésamo) se encuentran los precursores de la vitamina B12 y las bacterias del intestino se encargan de producirla. Las personas que cuidan su flora intestinal y consumen diariamente semillas oleaginosas crudas, jamás tendrán deficiencias de vitamina B12.

El déficit de cualquiera de estos nutrientes, o de varios de ellos, es a la vez un síntoma de desequilibrio alimentario, en cuyo caso la ansiedad es quizás “un mal menor”.

Tomar los nutrientes que nos faltan en forma de suplementos minerales y/o vitaminicos es una excelente forma de perpetuar nuestros malos hábitos alimenticios con la conciencia tranquila. Además, los laboratorios que los fabrican tienen que vivir de algo…

El origen de una dieta caótica suele estar en la más tierna infancia, cuando en algún momento el niño tiene una rabieta o un disgusto, y un familiar “bienintencionado” le da algún dulce (o patatas fritas cómo en el vídeo) para que se tranquilice. Esto se convierte en un anclaje mental en el que se asocia la comida con una falsa sensación de “bienestar”. Éste anclaje puede ser reforzado periódicamente durante la infancia con la asociación “dulce = premio”. “Recompensar” a nuestros hijos con un caramelo, bollería o cualquier golosina, no es una práctica recomendable, ya que tarde o temprano acaba pasando factura.

Ya cómo adultos, tomar conciencia del problema y ser capaces de romper ese auto destructivo círculo vicioso es un trabajo personal que nadie puede hacer por nosotros.

Del mismo modo la ingesta de ciertos productos aumenta los síntomas de ansiedad, por lo que es aconsejable eliminar por completo su consumo o en su defecto reducirlo al máximo:

Grasas, vísceras y charcutería (embutidos, patés y foie-gras), leche condensada, lácteos enriquecidos con nata, quesos grasos, bollería rellena, productos de pastelería y repostería industrial, etc: El consumo excesivo de grasas favorece la obesidad y elevar los niveles de colesterol, produciendo una sobrecarga innecesaria en el sistema cardiovascular, además de intensificar alguna de las manifestaciones sintomatológicas de la ansiedad. Los azucares simples producen picos de glucemia con la consiguiente bajada posterior que requiere de una nueva “dosis” para sentirse “bien”.

Estimulantes (café, té, refrescos con cafeína, extractos de guaraná, ginseng) y alcohol: Llevan sustancias que estimulan el sistema nervioso y sobreactivan el organismo, además de reducir la disponibilidad de vitaminas y minerales en nuestro cuerpo, lo que puede provocar ansiedad, nerviosismo e insomnio. Los estimulantes también crean “picos” de “bienestar” de corta duración, por lo que es necesario ingerir dosis frecuentas para superar el bajón posterior.

Sal y azúcar: La sal disminuye las reservas de potasio, un mineral muy importante para el correcto funcionamiento del sistema nervioso. El azúcar tiene un gran efecto desmineralizante sobre el organismo. No es buena idea sustituir el azúcar por edulcorantes artificiales ya que también pueden provocar ansiedad y otros problemas de salud.

Aditivos y otros productos artificiales: Son productos que nuestro organismo no asimila. El procesamiento industrial elimina muchos nutrientes y vitaminas de los alimentos. Es mejor eliminar o minimizar el consumo de comida rápida, sabores artificiales, aditivos químicos. Se trata de productos, en su mayoría, muy tóxicos.

Con el tiempo, una alimentación desequilibrada pobre en alimentos con fibra, el consumo de alcohol, largos tratamientos con antibióticos, una ingesta excesiva de azúcar y aditivos alimentarios, altera el equilibrio de la flora intestinal, lo que a su vez puede crear graves desequilibrios físicos y emocionales.

No hay que olvidar que un estado de salud óptimo se consigue con la suma de todos los principios básicos de vitalidad y no simplemente con un determinado régimen alimenticio.

La ansiedad se domina mejor si se pone orden en la vida. Además de cuidar la alimentación, comer a tiempo y con tiempo, es necesario consumir agua pura, respirar aire puro, tomar el sol cuando sea posible, cuidar la higiene personal, hacer ejercicio moderado regularmente, dormir y descansar la cantidad de horas adecuadas y mantener un correcto equilibrio emocional. Si falla cualquiera de estos factores, el conjunto se desmorona.

Ferran Rodríguez.
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