Técnica OMH

Según la doctora Ida Rolf, creadora del Rolfing -la principal fuente en la que me inspiré para crear la técnica OMH- lo que conocemos como envejecimiento consiste en la acumulación de tensiones, adherencias y cicatrices en el tejido miofascial que con el tiempo puede llegar a producir dolor, limitación de movimiento y disfunciones orgánicas. Devolver la movilidad y la flexibilidad a los tejidos es básico para mantener un estado de salud óptimo.

La técnica OMH consiste principalmente en realizar estiramientos, presiones y/o deslizamientos con arrastre del tejido, con el fin de devolverle la flexibilidad y la libertad de movimiento, eliminando las tensiones parásitas que producen dolor, limitación e incluso diversas disfunciones en el organismo.

El sistema cráneo sacro -formado por el cráneo, la columna vertebral y el sacro- contiene el sistema nervioso central, responsable del funcionamiento de todo el cuerpo. En éste hay dos piezas claves: el hueso occipital y el sacro. Estos dos huesos, unidos por el tubo dural, como dos poleas unidas por una correa, se mueven en consonancia. Cualquier cosa que limite o dificulte su movimiento afectará al conjunto del organismo en mayor o menor medida. Por desgracia, es muy frecuente que haya tensiones miofasciales que limiten e incluso bloqueen el movimiento de cualquiera de estos dos huesos y en ocasiones de los dos a la vez.

La libertad de movimiento de toda la columna vertebral, especialmente en dos de sus tramos: la columna cervical y la columna lumbar, es clave para el buen funcionamiento del organismo en su totalidad.

Dada la importancia de la libertad de movimiento del sistema cráneo sacro para su funcionamiento óptimo, la base principal de esta técnica es relajar y equilibrar el tejido del cuello y la pelvis.

Una pelvis desequilibrada puede, además delimitar la movilidad del sacro, producir desde una simple lumbalgia, hernias discales y por consiguiente ciatalgias, hasta con el transcurso del tiempo, escoliosis y problemas en los hombros, rodillas, cervicales, etc. según las compensaciones que haga el cuerpo que son diferentes en cada persona.

Las consecuencias de un exceso de tensión en el cuello son mayores y totalmente imprevisibles ya que afecta de un modo más directo al “ordenador central”. El hecho de que los grandes vasos que entran y salen del cerebro, la arteria carótida y la vena yugular, estén comprimidos tienen múltiples efectos perjudiciales. Desde simples dolores de cabeza, mareos, vértigos, si está limitado el riego del cerebro por compresión de la arteria, hasta sobrepresión en determinadas áreas del cerebro y acumulación de toxinas, si está limitado el drenaje por compresión de la vena. Estas dos disfunciones, generalmente van unidas.

Del mismo modo, la compresión del tejido neural, los pares craneales y el plexo braquial, tiene efectos en todo el organismo imposibles de solucionar tratando la zona afectada. Por poner un ejemplo, la compresión del nervio vago a nivel del agujero yugular, situado en la sutura craneal entre el occipital y el temporal, puede producir diversas disfunciones viscerales.

Otros puntos clave para el bienestar físico son:

– La relajación de la musculatura abdominal e intercostal. La rigidez en esta zona limita el movimiento del diafragma y la caja torácica, dando lugar a una respiración incompleta, origen de múltiples problemas físicos y emocionales.

– La flexibilización de los pies, los amortiguadores del cuerpo. Si éstos están rígidos producen una marcha descompensada y pueden llegar a producir lesiones en alguna de las articulaciones de la pierna (tobillo, rodilla o cadera)

Estos dos importantes puntos pueden ser tratados directamente por el mismo paciente mediante sencillos estiramientos muy fáciles de aprender.

Aunque mi técnica está orientada principalmente al tratamiento de la estructura y a conseguir el equilibrio biomecánico -dado que la salud es un conjunto de cosas que se relacionan entre sí- descuidar aspectos como la nutrición, el ejercicio y el descanso adecuados a las necesidades de cada persona, así como una eficiente gestión de las emociones harán que cualquier tratamiento acabe “fracasando”. Mi papel en este caso se limita al de consejero, ya que éste es un trabajo personal de autoconocimiento que ni yo, ni nadie puede hacer por otra persona.

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