El inmenso poder de la voluntad

Últimamente paso muchas horas mirando cosas en YouTube, generalmente tonterías. Algunas veces, entre tontería y tontería, aparece algo realmente interesante. Hace unos meses vi un vídeo que contaba la historia de Arthur Boorman y su increíble transformación.

Arthur, un ex paracaidista del ejército norteamericano que participó en la guerra del Golfo, acabó lesionándose las rodillas y la espalda tras realizar numerosos saltos en paracaídas. Aunque no he encontrado en ningún sitio cuales eran exactamente sus lesiones, por su forma de caminar imagino que tenía artrosis en sus rodillas y posiblemente hernias discales en la espalda.

Un hombre así, entrenado en las fuerzas especiales, acostumbrado tener a una gran actividad física al verse cada vez más limitado en sus movimientos –supongo que con importantes dolores físicos y atiborrado de analgésicos,  antiinflamatorios, ¿antidepresivos?- empezó a comer en exceso ganando un gran sobrepeso, lo que no hizo más que agravar el problema, entrando en un círculo vicioso muy autodestructivo.

Durante 15 años los médicos –y posiblemente algún que otro terapeuta alternativo, eso no lo sé aunque es bastante probable, 15 años dan para mucho- le dijeron que no tenía cura, aplicando la formula del famoso científico Misco Jones, tan usada en medicina:

Formula

De donde:

Va: Tengo la verdad absoluta y los demás se equivocan.

Npi: No tengo ni puta idea de lo que te pasa… (Causas idiopáticas en la jerga medica)

Ns: No hay solución posible.

Arthur se lo creyó. O casi…

Como no se conformaba con su situación, no dejó de buscar una solución, y al final la encontró. Lo curioso –o lamentable- del caso es que quien le ofreció una salida para su problema* no fue un profesional de la salud, convencional o alternativo, sino un… ex luchador profesional, Diamond Dallas Page, que tras sufrir una grave lesión de espalda tampoco se creyó demasiado lo que le decían los médicos y se negó a operarse.

Convencido por su mujer, empezó a hacer yoga a regañadientes. Tras notar los primeros resultados positivos, se le ocurrió unir lo que estaba aprendiendo en las clases de yoga con todo lo que había practicado en sus entrenamientos durante sus años como luchador profesional. Así acabo creando el método que él llama DDP yoga, una inteligente combinación de los estiramientos de yoga con los ejercicios de tonificación isométricos y la calistenia clásica, trabajando al mismo tiempo la flexibilidad y la fuerza. Su página está llena de casos, que si bien no son tan espectaculares como el de Arthur, demuestran lo que se puede conseguir con un poco de fuerza de voluntad, el ejercicio adecuado, estiramientos bien hechos y unos cuantos reajustes permanentes en la dieta.

La mayoría de las veces, los grandes problemas tienen soluciones simples. Si Arthur hubiese sido tratado por profesionales menos obtusos, convencionales o no, con una mentalidad más abierta y la honestidad de reconocer que alguien puede solucionar lo que ellos no saben y derivar a otros profesionales, podría haberse ahorrado años de sufrimiento inútil. Unos simples estiramientos –o quizás no tan simples- ajustados a sus necesidades concretas, hubiesen bastado para que sus lesiones y su estado general de salud mejoraran en poco tiempo.

Tal vez no todo el mundo tiene la determinación y la constancia de Arthur –o más bien no es consciente de que la tiene- y la inmensa mayoría de personas se hubiesen conformado con el “no tengo cura” convirtiéndose en clientes de por vida de la industria farmacéutica, sin duda la opción más habitual. Otro alto porcentaje, tras un tímido intento de cambio, hubiese abandonado en la primera o segunda caída con un “no puedo”, conformándose con su situación y uniéndose al grupo anterior.

He reflexionado mucho acerca de todo esto. Aparte de la historia de superación en sí, internet está lleno de historias de personas para las que “no puedes” tan solo es un estímulo para superar todas sus limitaciones –personalmente siento una gran admiración por los atletas paralímpicos-, lo que me parece tan aterrador como indignante es que los responsables de los 15 años del sufrimiento innecesario de Arthur posiblemente siguen en activo machacando a otras personas con diagnósticos tan miserables** como “eso es la edad”. No tengo palabras…

Si realmente tienes algún interés encontrar a los verdaderos responsables de que se produzcan situaciones como estas, mírate en un espejo y dime que ves.

Pataletas aparte y volviendo al tema, la historia de Arthur es un claro ejemplo de lo que se puede conseguir con voluntad si tus objetivos están claros y de la gran capacidad de auto curación que tiene el cuerpo humano si se le da la oportunidad de hacerlo.

Ferran Rodríguez

*Me ha parecido entender que le vendió los vídeos con su método y le ofreció el apoyo online –supongo que el de sus colaboradores- para seguir la dieta propuesta y resolver sus posibles dudas y un día apareció por su casa, ¿para hacerse la foto…?. Todo el trabajo lo hizo Arthur por su cuenta en su casa, con un par…

**Algunas veces llegan a mi consulta personas diagnosticadas de “problemas propios de la edad” y no puedo –ni quiero- reprimir mi indignación ante un hecho así. Cualquier persona está capacitada para llamarme viejo sin necesidad de desperdiciar seis años de su vida estudiando medicina.

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